Thursday, December 24, 2009

La brillantez narrativa de Gabriel Wolfson


Llegué a Los restos del banquete de Gabriel Wolfson gracias a una combinación de disciplina y curiosidad. La disciplina consiste en trata de leer, en la medida de lo posible, lo que los escritores jóvenes mexicanos están produciendo y la curiosidad de regresar a la lectura de un joven autor que, además de ser tremendamente talentoso, fue también mi compañero de licenciatura por un año. Sin embargo, creo que fue oportuno llegar a este libro en este momento, Como se puede ver en "El síndrome de Golo", la reseña que publiqué recientemente en Tierra Adentro y que pronto reproduciré en su totalidad en este blog, tengo un sentido amplio de frustración con la escritura y los presupuestos estéticos emergentes de los relacionados con esa entelequia llamada "generación de los 70" (o, peor aún, generación Atari). Wolfson, en cambio, es un autor bastante inmune a los devaneos mentales, institucionales y estéticos de nuestros contemporáneos, un escritor de una cultura literaria impresionante y uno de los prosistas más finos de la literatura mexicana actual. Aunque Wolfson es autor, por lo menos, de otro libro notable, el cuentario Ballenas, es en este libro donde vemos de manera decisiva la madurez narrativa de su trabajo. Los restos del banquete es uno de esos raros textos con genealogías identificables, pero no comprensibles como simples influencias, dado el grado de desarrollo de la voz autoral. Por ejemplo, el texto tiene una relación cercana a cierta poética de Paul Auster respecto a la constitución de una memoria fragmentada, pero, en vez de caer en la gastada fórmula posmodernista de Auster, Wolfson controla desde la prosa las tentaciones de los psicologismos para presentarnos un personaje que, más que deconstruido, es incompletamente re-constituido. Asimismo, en la prosa breve y cuidada encontramos la luz de algunos autores raros de la literatura mexicana caros a Gabriel: Julio Torri, Francisco Tario, quizá Efrén Hernández. A mi parecer, Gabriel se ubica en este canon mayor y menor a la vez, autores que existen fuera de los tejidos institucionales y las estéticas gastadas de una época. No entraré en detalle a las historias del libro, porque quiero simplemente recomendar su lectura. Espero que mucha gente llegue a este trabajo, publicado por Libros Magenta, una de las editoriales más interesantes del panorama editorial actual. Aparte del libro de Wolfson cabe recomendar los excelentes libros de Gabriel Bernal Granados y el cuentario La ciudad imaginaria de Alberto Chimal, un libro mucho más afortunado que Los esclavos.