1. Me parece que las dos reseñas dejan claro lo oxidado que está el género en México. La de García Ramírez comenta tres libros de un plumazo, un hábito del que yo mismo me declaro culpable, sin decirnos mucho de cada uno. Por momentos, al leer el texto, parece más que la reseña tiene más que ver con sus opiniones personales de los autores, dejando la sensación de que leyó los libros sólo superficialmente. La de Gil es sin duda más inteligente y mejor reflexionada, pero creo que la conclusión se queda muy corta. Decir que Geney está entre "Steiner y Domínguez Michael" es una forma de negarle a un crítico joven una voz propia al alinearlo imprecisamente con dos críticos con los que tiene poco que ver en realidad. Sin embargo, yo diría que esto en realidad no es culpa ni de García Ramírez ni de Eve Gil, ya que, a la larga ambos, como todos nosotros, trabajan en una noción estrecha de crítica donde la reseña ocupa un lugar excesivamente importante y donde el ensayo de ponderación sobre libros (como el que se hace en el New York Review of Books) es rarísimo. Esto abre lugar a que los libros se comenten más bien al vuelo. Cuando se reseña crítica esto es muy tóxico, puesto que la crítica es un género de argumentos y los espacios mediáticos para el comentario de libros en México son simplemente demasiado breves para lograr esto. Aunque Replicante ya es un intento serio en esta dirección, hace falta que emerja una publicación del género "Review of Books", donde se dediquen muchas páginas a cada libro y donde los autores sean especialistas en los temas reseñados y conocedores de las obras de los autores, y no todólogos literarios o miembros de camarillas culturales. Por el momento, lo poco que tenemos son revistas donde el comentario de libros es un apéndice al final de la publicación, un espacio que, porque sobra, se le da a la superficialidad crítica.
2. Aunque el libro de Geney pueda gustar o no (y yo ciertamente no estoy de acuerdo con él en algunos puntos, particularmente en su desdén por la crítica académica), creo que, dado el hecho de que se publican pocos libros de ensayo críticos de nivel amerita que se haga una discusión amplia de sus argumentos. Esto aplica a toda la crítica. Cuando se publicó el controversial Diccionario de Christopher Domínguez, salió una andanada de quejas de autores no incluidos y críticas superficiales al título del libro. Lo que no se vio fue un comentario de las ideas de Christopher sobre los autores comentados. Lo mismo se puede decir cuando se reseñan libros de Evodio Escalante o de Heriberto Yépez o de cualquier otro crítico. La pobreza de la crítica a mi parecer no es la falta de producción, sino la falta de lectura. Los críticos no nos leemos los unos a los otros con seriedad, rara vez nos citamos o nos discutimos más allá del chisme. En cierto sentido, nuestro trabajo no es más que un conjunto de mónadas inconexas que gritan sus opiniones en distintos rincones del bosque. En México, por esta razón, hay críticos pero no crítica. Hasta que haya una conversación plena entre nuestras obras, nuestro oficio se dirige irremediablemente a la extinción.
3.El post de Eve Gil en su blog es mucho más agudo y tiene varios puntos importantes. tiene razón en decir que la crítica mexicana ningunea de manera alarmante a las críticas mujeres, a pesar de que existen muchas y muy importantes: Sara Poot-Herrera, Ute Seydel, Rosa Beltrán, Margo Glantz, por no mencionar a las críticas jóvenes: Elisa Corona Aguilar, Karla Olvera, la propia Eve, Gabriela Valenzuela, Viviane Mahieux. A esto se podrían agregar muchas otras omisiones. Pareciera que la academia, donde se publica probablemente el 80% por ciento de la crítica literaria, no existe (de hecho, alguien que respondió a algo que escribí me descalificó llamándome "profesor" y en estos días Gabriel Zaid dedica un alto porcentaje de sus textos a criticar a la academia). Parece que los muchos críticos literarios extranjeros dedicados a la literatura mexicana no existen (y vaya que hay muchísimos: Robert Irwin, Emily Hind, Ute Seydel, Maarten Van Delden, Linda Egan y un largo etcétera). Parece que el mexicanismo de la academia norteamericana, donde tenemos tres encuentros anuales de críticos literarios radicados allá, con casi una centena de participantes, o de la europea, donde hay especialistas en México hasta en Noruega (el gran Juan Pellicer) no existe (los únicos mencionados del otro lado del río somos Sara Poot-Herrera y yo). Parece que ser crítico significa esencialmente dedicarse a la literatura contemporánea (los que nos dedicamos a literatura pre-1980 parecemos existir en otra categoría intelectual que no es la crítica), escribir reseñas o ensayos ( y no artículos académicos o incluso libros), ser hombre, publicar con frecuencia en publicaciones no académicas como Letras Libres o Nexos.
4. Otro punto importante que emerge del artículo de Eve Gil es la forma en que no se evalúa a los críticos como autores de libros. En las evaluaciones de Milenio, un crítico joven, inteligente como Rafael Lemus (a quien, full disclosure, también considero mi amigo) obtiene varias menciones, merecidas quizá, a pesar de no haber publicado aún un libro de crítica (uno de sus libros son cuentos y el otro un ensayo sobre la vida activa), mientras que Armando González Torres, autor de sendos e indispensables libros de crítica pasa casi desapercibido. Esto tiene que ver con el rechazo ridículo a la academia, donde los libros tienen un peso laboral mucho más significativo que el texto de ocasión, pero también porque no se entiende que la crítica es una práctica multigenérica, donde caben el ensayo, la reseña, el tratado, el libro académico, la edición crítica, la bibliografía comentada, etc. En algún ensayo Gabriel Zaid criticó "La mala prosa sobre las bellas artes", una frase tan seductora como fatua y vacía. Si bien la estética literaria es parte central de cierta crítica, lo cierto es que, en su dimensión más amplia, la crítica es una generadora de conocimiento y no todo el conocimiento tiene que estar escrito en prosa aceptable para el humanismo literato de México. Si este fuera el caso, las ciencias duras, casi todas las ciencias sociales y la mitad de las humanidades no existirían. Y aquellos de nosotros que escribimos textos ladrillo, llenos de citas y notas, somos críticos aunque no siempre seamos ensayistas, porque generamos conocimiento sobre la literatura. Ensayo no es igual a crítica ni reseña es igual a crítica tampoco.
7 comments:
Excelente. Muy bien planteado
Hola Ignacio.
Por favor, escribe un correo, me gustaría tratar contigo un par de asuntos.
Saludos y gracias.
Estimado Ignacio: creo que cualquier debate siempre enriquece. Curiosamente Ute es mi tutora en la maestría en Letras Mexicanas que estudio en la UNAM. En fin, tu texto está muy bien plateado y desarrollado. Te felicito y creo que es un muy buen principio para debatir. Por último, quizá también habría que echarle un ojo a otras publicaciones como la Revista de la UNAM en donde creo se lleva a cabo el ejercicio de la crítica literaria.
Atentamente
Claudia Guillén
Sus comentarios son muy atinados. Aunque Nexos y Letras libres la mayoría de las veces hacen reseñas, son pocos los autores que desean profundizar prefieren los insultos personales al autor.
El texto de Fernando García Ramírez dice muchas vertdades sobre el libro de Geney Beltran. Nos puede parecer con falta de tino para decir las cosas, pero mi experiencia de lectura sobre el libro de Geney, es muy parecida. Ese desdén por la crítica académica, me parece, es sin sentido.
No opino de los otros dos libros porque no los he leido.
Respecto a Eve, conocemos el odio que siente por todos los de Letras Libres, así que no es para tomarlo en cuenta porque habla el resentimiento.
Estoy totalmente de acuerdo cuando expresas: "Decir que Geney está entre Steiner y Domínguez Michael es una forma de negarle a un crítico joven una voz propia al alinearlo imprecisamente con dos críticos con los que tiene poco que ver en realidad".
De acuerdo contigo, Ignacio.
Creo que si bien el nivel de la discusión en algunos momentos ha dejado que desear, se agradece que alguien la inicie. También creo que sería mucho pedir que todo entre nosotros fuera miel sobre hojuelas, la pasión, en sus versiones verbalizadas, puede abrir cauces comnicativos.
Más allá de las polémicas, creo que otro de los síntomas que evidencia el número de laberinto es la ausencia de la poesía en la visión que la crítica tiene de sí misma. ¿Cuántos de los entrevistados se dedican a la crítica de poesía? Algunos de ellos han reseñado libros de poesía, pero ninguno, que yo sepa, es especialista (en el sentido que mencionas) en ella. En Letras Libres las reseñas de poesía son escasas, casi siempre firmadas por Hernán Bravo o Daniel Saldaña, Julio Trujillo o, a veces, Julián Herbert; pero nunca los cuatro o más.
Otro problema es la falta de formación no académica de crítica, que va aparejado con el desdén de nuestros críticos por la academia. De ahí también se desprende la confusión, no pocas veces lastimosa, entre ensayo y crítica literaria. No hay becas (como las de la FLM, por ejemplo), para la formación de críticos.
Saludos.
Al fin la ponderación. Un placer leer tu entrada, Ignacio. Un abrazo desde Quito. Francisco X. Estrella.
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