Escalante, Evodio. José Gorostiza: Entre la redención y la catástrofe. México: Juan
Pablos / Universidad Juárez Autónoma de Tabasco / Instituto Municipal del Arte y la Cultura de Durango / Universidad Nacional Autónoma de México, 2001. 317 pp. ISBN 970-713-000-8
Escalante, Evodio. Elevación y caída del estridentismo. Colección La Centena. México:
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/ Ediciones Sin Nombre, 2002. 119 pp. ISBN 970-18-8138-9
Escalante, Evodio. La vanguardia extraviada: El poeticismo en la obra de Enrique
González Rojo, Eduardo Lizalde y Marco Antonio Montes de Oca. Serie El Estudio. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2003. 116 pp. ISBN 970-32-0910-6
A pesar de la copiosa producción poética que tiene lugar en México, la crítica sobre el género no siempre ha seguido el paso. Más allá de la omnipresencia de la figura de Octavio Paz y el reconocimiento constante al grupo Contemporáneos, difícilmente se podría decir que existe un estudio riguroso y constante de las distintas corrientes y la amplia diversidad de poetas que han florecido en el país a lo largo del siglo XX. Más aún, pareciera que la poesía de la primera mitad del siglo se encuentra encasillada en una serie de lugares comunes (debates entre nacionalismo y cosmopolitismo, la centralidad del “grupo sin grupo” y de Paz, etc.) que difícilmente se evalúan desde una perspectiva crítica y sociohistórica. De esta manera, los consagrados como José Gorostiza o Xavier Villaurrutia son objeto de canonizaciones constantes mientras que figuras como los poeticistas carecen de un corpus crítico coherente. Dentro de este panorama, los tres trabajos recientes de Evodio Escalante —José Gorostiza: Entre la redención y la catástrofe, Elevación y caída del estridentismo y La vanguardia extraviada— constituyen, en su conjunto, una de las aportaciones más significativas al estudio de la poesía mexicana y de los movimientos de vanguardia en los últimos veinte años.
No resulta en lo absoluto extraño que Escalante esté desarrollando esta empresa con tanto éxito. A fin de cuentas, se trata de uno de los críticos más importantes y estimulantes de la literatura mexicana. No debemos olvidar que a él se debe el todavía insuperado primer libro en torno a José Revueltas, José Revueltas: Una literatura del lado moridor, así como algunas de las lecturas más provocadoras y rigurosas de autores como Alfonso Reyes, Juan Rulfo o José Agustín (recogidos en libros como La espuma del cazador o Las metáforas de la crítica). Asimismo, ha participado en algunas de las polémicas centrales sobre el problema de la crítica en México. Las virtudes del trabajo de Escalante son varias: la lectura política, el rigor sociohistórico, el cuestionamiento sin tregua al lugar común. Y en los tres volúmenes aquí reseñados, encontramos a Escalante quizá en uno de los puntos más altos de su trabajo.
José Gorostiza: Entre la redención y la catástrofe, tesis doctoral de Escalante, revisita Muerte sin fin, una de las obsesiones mayores de la crítica literaria en México. A pesar de que el poema ha tenido muchos críticos ilustres (Guillermo Sheridan, Pedro Ángel Palou, Salvador Elizondo, José Emilio Pacheco, Óscar Wong, por mencionar sólo algunos notables), este libro ofrece, sin duda, la lectura más amplia y comprensiva del texto. Como es ya su estilo, Escalante rastrea las fuentes intelectuales de Gorostiza: Kant, Eliot, Pound, etc. Y es aquí donde encontramos una de las tesis de mayor interés: la relación intelectual entre Gorostiza y el proyecto intelectual de José Vasconcelos (particularmente el desarrollado en la muy poco leída Filosofía Estética). La pertinencia de esta tesis radica en su capacidad de demoler con un mito (la idea de Gorostiza como poeta “europeizante” en relación completamente antagónica con el nacionalismo revolucionario) y una interrogante (cómo explicar consistentemente las referencias nacionalistas y a la poesía tradicional en un poema tan denso y filosófico). La lectura en sí del poema es simple y sencillamente deslumbrante. Escalante desarrolla todo un aparato conceptual para comprender el texto y su filosofía, aparato que abarca categorías que van de lo sociohistórico hasta lo filosófico y teológico. De esta manera, a la luz de la estética vasconceliana, la lectura de Escalante permite conciliar dos perspectivas fundamentales para la lectura de Muerte sin fin. Por un lado, encontramos la idea de un ritmo poético que “al quebrantar el lenguaje, al destrozar sus propios impasibles tegumentos y brotar revestido de una forma estética en la conciencia del poeta, no puede dirigir su acción hacia lo trascendente” (149). Por otro, una vocación romántica hacia el Volkgeist que desemboca en un “dispositivo bivocal que instaura una suerte de “diálogo interno” entre la voz maestra de los grandes cantos u la voz popular que brota, a manera de contraparte, de los scherzi” (127). Con esto, Escalante plantea la lectura más completa a la fecha de uno de los textos más herméticos y centrales de la poesía latinoamericana.
Elevación y caída del estridentismo, por su parte, es un esfuerzo de revaloración del movimiento estridentista, que, en la obra de críticos ilustres como Paz, Monsiváis o José Joaquín Blanco, ha sido caracterizado como fugaz y de poca trascendencia. Escalante refuta esta tesis al afirmar que estas lecturas son el resultado de la consagración de los Contemporáneos como marca del gusto estético en la poesía, lo cual ha generado un prejuicio contra la vocación revolucionaria y moderna del estridentismo. Tomando como interlocutores los trabajos de Luis Mario Schneider y Katharina Niemeyer, Escalante estudia dos dimensiones del movimiento.Primero, emprende una lectura de la poesía de Manuel Maples Arce y, sin dejar de reconocer “sus momentos de fractura” (62), busca reubicar a Urbe como el poema en que se lleva a cabo por primera vez el desplazamiento del sujeto poético de la subjetividad modernista a la experiencia urbana. Escalante reconoce en este proceso cuatro movimientos: la transformación del poeta arcaico en poeta moderno desde la experiencia de la catástrofe; la capacidad de “conjugar una multiplicidad de planos espacio-temporales” como condición de posibilidad del poema moderno; el paso del sujeto arcaico al sujeto moderno como sacrificio libidinal que da origen a lo colectivo; el sabotaje provocado por la gravitación de lo muerto en el proceso dentro de la economía del poema (54). Desde estas cuatro claves, Escalante analiza lo que quizá es uno de los momentos más innovadores y subestimados de la poesía mexicana. La segunda parte la dedica a tres hitos de la prosa estridentista (El café de nadie de Arqueles Vela, Panchito Chapopote de Xavier Icaza y El movimiento estridentista de Germán List Arzubide). La inclusión del segundo texto, en sí misma, es una contribución importante del volumen. Siguiendo a John Brushwood, quien también consideró al texto de Icaza parte del movimiento, Escalante logra con este giro enfatizar la vocación social(ista) del movimiento y construir una red en la cual logramos apreciar simultáneamente el compromiso político del estridentismo (con Icaza), su carácter precursor (con Vela como fundador de la prosa moderna en México) y su trabajo sui generis (con el experimentalismo de List Arzubide).
Finalmente, La vanguardia extraviada se enfoca en la obra de tres poetas (Eduardo Lizalde, Marco Antonio Montes de Oca y Enrique González Rojo, hijo) y su relación con el movimiento poeticista. El poeticismo, nos informa Escalante, “pretendió renovar desde sus cimientos los procedimientos de la creación poética, estableciendo complicados esquemas racionales que servirían para crear imágenes y metáforas de una enorme originalidad” (9). Aún cuando el libro no estudia exhaustivamente a todos los poetas relacionados con el grupo (figuras como Rosa María Phillips y Arturo González Cosío no pasan de meras menciones), se trata del primer trabajo que se ocupa exclusivamente de este movimiento y, sobre todo, de su importancia en la historia de la poesía mexicana. El poeticismo es un movimiento bastante oscurecido por la memoria crítica, algo a lo que contribuyó sin duda el hecho de que uno de sus miembros más prominentes (Eduardo Lizalde) abjurara de él y lo considerara una suerte de error histórico. Evodio Escalante rescata al movimiento acudiendo una vez más a la coyuntura sociohistórica, demostrando convincentemente la relación entre el ambicioso proyecto escritural de esta vanguardia y la necesidad de una nueva escritura literaria en el contexto de los movimientos sociales y políticos ocurridos durante la presidencia de Miguel Alemán (1946-1952). Escalante analiza las bases ideológicas y filosóficas de esta vanguardia, análisis que está contenido en dos fórmulas: la conjugación de Góngora con Marx y el origen, por primera vez en México de una “hiperescritura. A saber: una escritura que escribe su propio Galimatías” (12). Desde estas coordenadas y a contracorriente de una tradición literaria que consideró excesiva la pretensión del poeticismo, Escalante examina tres de los poemas más importantes del movimiento. Dimensión imaginaria de Enrique González Rojo (quien, incidentalmente, es nieto de Enrique González Martínez, el poeta modernista de “Tuércele el cuello al cisne”, e hijo de Enrique González Rojo, uno de los miembros de Contemporáneos) es definido por Escalante una reescritura del Polifemo gongorino desde la figura de Pulgarcito y estudiado como “una odisea del conocimiento”, cuya función dentro de la poesía mexicana es ser la refutación crítica del surrealismo. Cada cosa es Babel de Eduardo Lizalde, al que considera “una obra maestra de la poesía conceptual” (62), es interpretado como una suerte de “manifiesto intelectual” donde el poeta tiene una función mesiánica a través de la búsqueda de la “palabra verdadera”, función en la que Escalante ve una clara filiación hegeliana. Finalmente, Ruina de la infame Babilonia de Marco Antonio Montes de Oca, junto con otros poemas de este prolífico y malentendido autor, permiten a Escalante recuperar la vocación romántica y el impulso revolucionario de la estética poeticista.
Estos tres libros, de lectura obligada para cualquier especialista en literatura mexicana, son una suma tanto de los caminos que nos faltan por abrir en el estudio de la poesía mexicana como una muestra de la vigencia y el poder explicativo de la teoría literaria marxista cuando se aplica con respeto al contexto sociohistórico y privilegiando la lectura sobre el dogma. Escalante es un crítico ejemplar y no queda más que esperar que su pluma siga iluminando los caminos de la literatura mexicana.
2 comments:
Gracias por esta info. Tras el post del otro día,justo fui a buscar a Evodio.
Por favor, qué libros de Yepez y Castañón recomendarías? ¿nos podrías pasar la ficha bibliográfica, pls?
Hola
Mas adelante en la semana voy a recomendar varios títulos. Por mientras, de Yépez te recomendaría su magnífico ensayo "Todo es otro" (Tierra Adentro) y su libro "El imperio de la neomemoria" (Almadía). De Castañón me gusta "Alfonso Reyes, caballero de la voz errante" (hay ediciones de la UNAM y de la UANL) y los ensayos incluidos en Arbitrario de la literatura mexicana (del que hay ediciones en Vuelta y en Lectorum).
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